Esencia o egoísmo?

Callo porque no me corresponde hablar,
las palabras se obturar en mi garganta
mientras refreno lo que de mí nace.

Acallo el sentimiento que me abruma,
analizo demasiado lo propio e impropio
y entre un mar de certezas me recojo
guardando el silencio que sé mío.

No tengo merecido suplicar nada,
ni siquiera esperar lo concedido,
y en vez de conformarme con lo obtenido
la negativa acrecienta mi deseo.

Nadie comprende porque así siento,
ni yo misma comprendo de donde parte,
si es la esencia que me invade
o es el egoísmo que me cautiva.

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Remisión velada

Quise gritarlo pero guardé silencio,

no encontré palabra que le diera nombre

y busqué con extrema ansia

que mi mirada hablara del reto.

 

Equivoqué formas en busca de un fondo,

forcé gestos por el temor de mostrarme,

y el resultado que obtuve de mis errores

fue alejarme del sentir anhelado.

 

No desfallecí porque no me fue permitido,

no me rendí porque Él no lo hizo,

aún tengo heridas que aguardan abiertas

y sigo suplicando el perdón con sigilo.

 

En medio de señas de particular naturaleza,

en posturas de olvidada enseñanza,

con franqueza en los singulares gestos

fluye la necesidad cuando no se la llama.

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Reincidente

Estos días extraños y tensos hacen que mis deseos se muestren sin piedad y vuelvan a mí fantasías nunca desterradas, siempre latentes.

No he parado hoy de imaginarme sirviéndote también en mi vertiente laboral y cometiendo aquellos errorcillos que sé que no me serían permitidos para poder disfrutar contigo del correctivo.

Creo que soy una chica reincidente…

 

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Necesidad concedida

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Mis pensamientos no concuerdan con mi anhelo,
mi mente lucha por imponerse a mi cuerpo,
me siento húmeda pero no le hago caso,
el calor es demasiado intenso para olvidarlo
y noto otro punzante latido entre mis piernas.
Me esfuerzo por apartar el desasosiego,
mis palabras se agolpan dominantes y,
para cuando quiero darme cuenta,
mis nalgas reciben el azote de Su mano.
No puedo articular palabra,
la cadencia de la disciplina
me sumerge en el vaivén del deseo,
quiero sentir el dolor que me concede,
necesito, en realidad, mayor intensidad.
Suplico sentirlo, mis gemidos lo hacen,
 pero no será todo lo que suceda
para devolverme a donde pertenezco,
mas aún ni siquiera podía imaginarlo.
El cuero rodea mi ansioso cuello,
el metal pinza mis erguidos pezones,
la posición me expone desnuda y dispuesta,
ocupada y privada, orgullosa y sumisa.

Cemento gris en cielo azul

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Miro por la ventana al interior del patio,
cubierto de chapa, mugre y soledad,
y mientras el cristal devuelve mi reflejo
no reconozco mi olvidado rostro.
Nada vale más que Tu mirada despierta
entre el gentío de ojos cansados,
cuando la tristeza las paredes impregna
y oculto en mi interior la rabia y el anhelo.
En la noche, cuando la calma debería acogerme,
me hallo entre el abismo, por la izquierda
y el amor puro, por la derecha,
igual que este corazón desbocado
que alberga ansia y deseo.
Debo recordarlo y Tu me lo recuerdas,
debo olvidarlo y así me lo concedes,
vacía de dolor, depositando sobre Ti mis lágrimas,
ya no hay lugar más que para la entrega.
Renovada, amada, sobrecogida,
cualquier roce sobre mi piel es Tuyo,
y aunque las horas no son nuestras
el secreto que compartimos nos une,
y las sonrisas cómplices nos alientan.

Sin escape

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Nunca me había asustado la soledad,
mas bien resultaba ser un consuelo,
la huida de una realidad confusa
a la que no es posible enfrentarse.

En ella podía dar forma a mi realidad,
configurar lo que en ella no habría,
decirme a donde llegarían mis pasos
y cuando detendría mi camino.

Conmigo a solas no había peligro,
fueron muchas las horas dedicadas
a crearme a mi misma y a mis anhelos,
a soñar con unos días sin temor.

Y ahora, cuando vuelve el miedo,
busco esa soledad que se hizo amiga
pero la edad ya no me permite la huida,
y en cambio me concede la verdad.

Ya no hay salida ni posible escape,
no me queda otra que enfrentarme,
asumir los riesgos de una batalla, a priori, innecesaria
y las consecuencias que vienen conmigo.