Cuando lo cotidiano deja de serlo…

Como empiezan todas las historias, o así al menos me las contaban a mí…Hi havia una vegada…una pequeña niña que de vez en cuando, dejando a todos atrás ocupados en sus quehaceres, y como buena felina que se escapa por cualquier pequeño espacio, emprendía una vez más un pequeño viaje, cargando en sus manos los brillantes zapatos de charol que sabía no debía estropear, notando el frío suelo de la ciudad bajo sus desnudos pies, y el despeinado pelo rozando su rostro que acababa de ser liberado de esa alta coleta que le privaba de su alocada esencia.

Apenas debían ser un par de calles, quizás unos pocos minutos donde nada era cuestionado, donde podía perderse en sus propios pensamientos y sentimientos y, en una de esas escapadas por el centro estaba la pequeña cuando se paró absorta delante de una tiendecita, oscura, repleta de artículos colgados hasta en los lugares más insospechados, y su mirada se centró en un sólo objeto, y por él sintió una atracción inesperada, repentina e intensa y, sin saber muy bien cómo, se encontró ante una viejecita entrañable de negros ojos penetrantes que le preguntaba que estaba buscando.

Muda tan sólo pudo señalar el objeto y ella, amablemente, subiéndose a una vieja escalera de tres peldaños le puso sobre el mostrador el objeto, una pequeña bolsa marrón, y cuando le dijo el precio la niña le dejó junto a la bolsa sus brillantes zapatos diciéndole que volvería a por ellos cuando tuviera el dinero para pagar, pero mientras necesitaba que se la guardara.

Enternecida por la espontanea insistencia de la niña, aceptó el trato, y aunque como podéis imaginar al llegar a casa sin zapatos la regañina fue grande, ella sabía que tenía un trato, que estaba haciendo algo importante, y así, día sí, día no, regresaba a la oscura tienda de dulce dependienta a entregar las pocas monedas que había podido conseguir revisando cualquier rincón olvidado de la casa.

Ella le tenía preparado un vaso de leche con galletas y escuchaba entretenida las aventuras de la pequeña que con su desparpajo le ponía en el rostro una tierna sonrisa, hasta que un lunes por la tarde, al salir del cole nadie la estaba esperando, no había luz ni nada que diera señales de que la anciana estaba allí.

Varios días pasaron hasta que por fin la niña vio luz en la tiendecita y emocionada entró esperando encontrarse a la anciana, pero tan solo vio a un señor muy mayor esperando en un taburete junto al mostrador. Dudó al entrar pero le dijo: “pasa pequeña, te esperaba, María me dijo que estarías preocupada, y quiere que sepas que está bien, y que a partir de hoy esto es tuyo”, mientras le entregaba la deseada bolsa marrón.

Abrazó la bolsa con fuerza y el aroma a piel curtida le inundó los sentidos y supo que ese simple objeto que tanto le había costado sería especial en su vida.

La abrió, y dentro sus brillantes zapatos le esperaban y en el interior de uno de ellos una nota doblada en cuatro partes donde le hablaba María:

“Mi pequeño cielo, ya has saldado tu deuda, has cumplido con lo que aquel día prometiste. No dejes de ser como eres, lucha por lo que deseas con esa fuerza y guárdate de quien no lo entienda. Encontrarás quien quiera saber todo de ti y ya nada tendrás que temer”.

En un bolsillo interior, por detrás del papel escrito por María, la pequeña fue escribiendo durante muchos años, mientras aún conservaba su inocencia, los sueños que quería alcanzar, hasta que, siendo ya mayor uno sólo ocupaba ese espacio.
Hi havia una vegada…una niña que se hizo mayor y aunque pasaron los años conservó el mismo sueño hasta que su realidad le obligó a dejar de creer, abandonó la inocencia y vio que jamás pasaría, que tan sólo era una fantasía de la infancia, y olvidó ese deseo y con él esa esencia que prometió no abandonar.

De repente, tras muchos años, el deseo se cumplió y recuperó la esperanza y esa esencia que había guardado hasta encontrar a quien entregarla.

Y así como quien no quiere la cosa, un día cualquiera, esa niña ya mayor recordó esta historia contada tras un deseo similar que presenció, y fue posible esta vez sin tanto esfuerzo, pero con igual ilusión. Y eso ocurre cuando lo cotidiano deja de serlo…

Y como acaban los cuentos, o como me los han explicado a mi…Conte contat, conte acabat!

Espero mi Señor que puedas disfrutar de este día tan especial que hace muuuuuy poquitos años me dio la oportunidad de cumplir mi sueño…

Deseo que la vida nos conceda muuuuuchos años más para seguir amándonos y para servirte con ilusión.

Que pases un día maravilloso!!!

1337

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s