cambios en rehabilitacion…

En condiciones normales, es siempre una chica la que me hace rehabilitación, si recordáis alguna vez os he hablado ya de ella…pero ayer…ayer fue diferente…realmente diferente…

La esperé como siempre, puesto que ya tenemos confianza después de tanto tiempo, tan solo con una camiseta y braguitas, pues así los masajes y ejercicios resultan mas eficaces…

Estaba yo en la camilla estirada boca abajo, relajada, esperando que apareciera con su sonrisa y sus ojos chispeantes…Esta chica tiene algo que me conmueve y a la vez me excita…esa ternura aniñada mezclada con la mirada de gata en celo, realmente consigue sacar mi parte lésbica…y desear ir más allá de la rehabilitación…

Un “hola” masculino enturbió el ambiente de calma. Pegué un bote de inmediato intentado taparme con la dichosa mini sábana de papel que ponen en esas camillas, la cual por supuesto se rasgó dejándome en una situación aun mas vergonzante….

– Sorprendida? me preguntó…
– Si, la verdad, estoy esperando a Eli.
– Hoy no vendrá, pero tranquila, no te quedaras sin tu rehabilitación. Tumbate y relajate.

Ruborizada por completo me tumbé, y mientras notaba sus fuertes manos acariciando mi cuerpo, sentí que mi cuerpo reaccionaba, que mis pezones se clavaban a la camilla, que mi sexo se mojaba…
Cerré bien las piernas para evitar que viera mis bragas humedecidas…
Me sorprendió con un pequeño azote en mis nalgas…”niña relájate, no puedo trabajar así”.
Evidentemente no podía hacerlo y continuaba con mis piernas cerradas y mis nalgas prietas demostrando una tensión fuera de lo normal.

– ¿Me vas a obligar a que te relaje?, me dijo.

Sin saber porque le contesté, “No Señor, perdone”.

Su risa denotaba que le complació mi respuesta y con una insolencia propia de cualquier dominante me dijo: “pues no me obligues a ello, pues no me importaría hacerlo. No me provoques zorrita”.

Esas palabras me hicieron reaccionar y rebelarme contra aquello que veía venir…

– ¿De que vas? tu no puedes hacer eso conmigo…si sigues por ahí….

Me calló de golpe cuando bajó mis bragas y sin mediar palabra introdujo su dedo en mi ano, de un empujón seco, consiguiendo así tan solo un gemido ahogado de mi y a continuación silencio…

-Vaya veo que necesitas mano dura para comportarte como es debido….tienes suerte que se como tratarte…

– Si Señor…así es.

Me obligó a separar las piernas, y continuó con mis masajes de rehabilitación mientras mi cuerpo ruborizado reaccionaba mostrando su excitación, que seguro apreciaba pues oía gestos de aprovación al observar mis flujos resbalar hacia la camilla.

Los ejercicios cada vez se volvían mas intensos y empecé a notar un dolor excesivo allí donde él ponía sus manos. 

Como es costumbre en mí me rebelaba a este dolor, quejándome con insistencia…Me avisaba de que no toleraría mas insolencias, pero mi impulsividad y el dolor agudo que sentía me impedían refrenar mis quejidos…Hasta que…un “SE ACABÓ, COLMASTE MI PACIENCIA PEQUEÑA”…hizo que empezara lo que a continuación os detallo.

Primero con unas cuerdas elásticas de las que se usan para los ejercicios, azotó mis nalgas, mis piernas y mi espalda, sin dejar de hablarme con voz fuerte, explicándome el motivo del castigo.

Mis gemidos se convertían prácticamente en gritos, cuando sus fuertes manos, lo calmaron acariciando mi piel dolorida…

Se lo agradecí, gesto que hizo que pararan sus azotes….
Tumbandome boca arriba,  con las cuerdas que había usado para azotarme, me inmovilizó las manos y los pies, dejándome indefensa delante de él, con mis pezones y mi sexo mostrando mi deseo.

Sentí miedo cuando rebuscaba en el cajón de detrás….y cuando vi en sus manos un gran montón de pinzas que salían del cajón para dirigirse a la camilla donde le esperaba sin posibilidad de moverme. Cogiendo grupitos de piel las dejaba pellizcadas, notando cada vez como mi piel tirante no tenia mas recursos para ofrecerselos…

Gemía a cada presión del dolor intenso que sentía pero su cara de satisfacción me hacía desear continuar soportando el dolor, pues me compesaba al ver el orgullo que sentía por mi entrega y por saber que me había estado quejando constantemente de su rehabilitación y había llegado el momento de ser fuerte y consecuente con mis actos…

Mientras mantenía las pinzas puestas, abrió mis piernas y adentrándose en mi con dos dedos me folló tan intensamente como podía, haciéndome sentir afortunada del placer que estaba teniendo siendo sometida por él…
Mi orgasmo llegó rápido mientras observé, por primera me atreví a mirarlo, como su sexo abultado se marca descarado por su fino pantalon de hilo blanco…

Me quitó las pinzas con suma delicadeza, dejandome saborear el dolor del regreso de mi piel a su posición original.

Me acarició con ternura y me ayudó a bajar de la camilla, poniéndome de rodillas delante de él, que ya permanecía con el pantalon bajado y su sexo duro delante de mi. Agarrándome de la cabeza, marcando el ritmo, folló mi boca hasta deshacerse de placer dentro de mi, inundando mi garganta con su semen caliente y espeso mientras que su respiración agitada indicaba que había conseguido un placer inmenso.
– Vístete, y a partir de ahora que sepas que tu rehabilitación estará en mis manos. Le pediré a Eli tu cesión.

– Si Señor, nos vemos el viernes. Gracias.

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