una gran lección

Ya sabes mi pequeña, que tu alma no te pertenece, eso la aceptas bien, lo tienes asumido, pero eres mi sierva, mi sumisa, y por lo tanto, tu cuerpo tampoco te pertenece…
Así empezó mi Señor ha hablarme…cogiéndome entre sus fuertes manos mi cara, de forma cariñosa pero estricta, obligándome a mirarle a los ojos, para que tuviera claro que me hablaba muy en serio.
No entendía muy bien que significaban aquellas palabras, que representaba que mi cuerpo no me perteneciera, pero ahora, lo entiendo, a veces necesito que se me expliquen las cosas de otra manera, y Él está dispuesto a enseñarme de la manera que yo necesite para que aprenda.
Me dijo, “puesto que tu cuerpo no te pertenece, no te podrás dar placer sin mi consentimiento, no te podrás correr si previamente no te autorizo. ¿Lo tienes claro zorrita?”
“Si mi Señor”, le dije, pensando que sería una forma de hablar, que realmente no pretendía controlar mi cuerpo hasta este extremo.
“Vamos a hacer un trato…hasta que nos volvamos a ver no te podrás dar placer, a no ser que pagues por ello, y el precio para poder tocarte es que vayas con falda y sin ropa interior, y en ningún momento cierres o cruces las piernas, sobretodo cuando estés conmigo. Te quiero siempre dispuesta, a mi servicio, como la esclava que deseamos que seas.”
Sus indicaciones me turbaron, jamás había ido sin ropa interior, estaba inquieta, y ese trato sabía que iba ser tremendamente difícil para mi, pero a la vez me excitaba…pero era justo lo que debía evitar, puesto que sino sabía que debería ir con falda y sin ropa interior…y ¿si me lo notaban? y ¿si me excitaba y mis jugos resbalan por mis piernas? No podía hacer eso.
En las primeras horas luché por evitar las situaciones y pensamientos que me producían excitación, no quería tener que cumplir esa parte del trato. Debo confesar que no tuve éxito con esta misión y cuanto más intentaba no excitarme, mas lo hacía, mas situaciones me llevaban a ello…Podéis imaginaros la situación…aunque no os explicaré como acabé…
Al día siguiente, aunque no solíamos hacerlo nunca, me propuso quedar para ir a una gran superficie. En la puerta me esperaba ya cuando llegué yo con mi coche. Él al contrario que yo solía ser muy puntual. Vi que estaba serio, supongo que algo enfadadillo por hacerle esperar de nuevo.
Por suerte, pude aparcar rápido y dirigirme hacia donde me esperaba mi Señor.
Me cogió del brazo con cariño y firmeza y acercando mi oreja a su boca, me susurró…”has cumplido zorrita? me siento orgulloso”.
“Porque mi Señor?” contesté sin entender nada.
“Mi zorrita, no me gusta la falsa modestia,!! pues porque has cumplido con tu parte del trato vas con faldita y pronto comprobaré tu sexo mojado descubierto de ropa interior”
En ese momento sentí como mi alma moría, sí iba con falda, pero también llevaba ropa interior, y me sabía mal decepcionar así a mi Señor, Él que confiaba en mi plenamente, ni siquiera había dudado de mi. Y yo había errando…
Bajé mi mirada, caminando de su mano, sabiendo que le había fallado, no solo por desobedecer sinó porque ni siquiera había pensado en ello.
Entramos, parecía que simplemente paseabamos, no parecía tener ninguna intención de comprar, recorriendo los pasillos, hablandome como a una mujer corriente, mientras caminaba en silencio a su lado, mi mirada al suelo.
          “Mi Señor….”
          “Dime mi amada”
          “Necesito ir al servicio”, dije pensando en solucionar mi fallo.
          “Debes esperar un poco pequeña”.
Aún más apenada caminé a su lado, hasta que justo en el pasillo de las herramientas, donde no había mucha gente, nunca la hay…me dijo que me girara hacia una estantería, me acercó a ella, y sintiendo su presencia detrás de mi, empezó a recorrer mis piernas, desde abajo, lentamente…subía
          “no mi Señor, espere por favor”
          “CÁLLATE ZORRA”.
          “ Pero mi Señor…es que….”
          “NO HAY NADIE ZORRA, CÁLMATE”
          “Pero mi Señor…es que…”
Se apartó de mi, con brusquedad, cansado de oírme relatar, y dejándome allí unos  instantes, vi como examinaba a su alrededor y volvía con una especie de malla flexible de tela,  que había cogido de la estantería y la ataba alrededor de mi boca, dejándome callada por fin.
Notaba mi corazón latiendo mientras sus manos se metían ya por debajo de mi falda y se aproximaba rápido, demasiado rápido, a mi próximo castigo…
  “¡PERRA MENTIROSA! Llevas ropa interior…había confiado en ti, creía que aprendías a obedecer. Me sentí orgulloso de ti, pero veo que aún te queda mucho para conseguir ese collar de sumisa que tanto ansias. ¿Así lo piensas conseguir? ¿Mintiendo a tu Amo, creyendo que puedes engañarme? ¿Por eso querías ir al servicio zorra? ¿Para seguir engañándome? ¿Para hacerme creer que ibas todo el día sin ropa y te la acabas de quitar? ¿Te crees que soy tonto?
Allí amordazada no podía darle ninguna excusa, no lo había hecho con mala intención, pero todo lo que me estaba diciendo era cierto, y eso me dolía…
Repetía la misma frase una y otra vez, mientras me desnudaba: “tranquila, aprenderás, de eso me encargo yo”.
Me arrancó el precioso tanga que llevaba puesto, y me ató con él las manos a la espalda, dirigiéndome así por el resto de los pasillos que faltaban por recorrer. Denuda, asustada, humillada y terriblemente excitada.
Jamás me había sentido tan humillada por él, y a la vez tan suya. Ahora lo entendía y era capaz de hacerlo por él todo. TODO lo que me pidiera, era suya, en cuerpo y alma….Desnuda ante los ojos de todos y sintiéndome vestida, abrigada por Él, por su seguridad.
Hicimos una nueva parada en el pasillo de las mascotas, comida, juguetes, y correas…había alguna, como las que yo deseaba…de esas anchas, de bulldog, negras, con tachuelas….pero mi Amo, no escogió esa para mi….sino una de lona, de esas que llevan los pequeños perros.
” Esto es lo máximo que te mereces ahora mismo, collar de chihuahua, que ladra mucho, protesta, pero le cuesta someterse a su Amo y da gracias que los de gata son pequeños para ti, mi zorra, traidora, esquiva, como gata endiablada”
Con el collar y esa pequeña cadenita me conducía, con mi cabeza baja por los pasillos, hasta llegar a la zona del final donde había la sección de muebles.
Me echó sobre una cama de muestra que había, en la zona de muebles y me ató de manos y piernas, mostrando mi sexo desnudo y mojado.
Mi desnudez causó gran alboroto y no tardó en acercarse multitud de gente a observarme, allí atada, desnuda, amordazada, y con mi Amo firma a mi lado, mostrando su pequeña esclava a todos, agarrando mi correa con fuerza.
No me permitía bajar la mirada, no me permitía mirarle a Él, tan solo a la gente que allí se agolpaba. Estos andaban buscando donde estaba el truco, donde las cámaras de algún curioso anuncio publicitario, pero nada de ello había, solo esta pequeña puta insolente siendo aleccionada por su Señor.
No se cuanto rato mi Señor me tuvo allí, pero al no hablarme me pareció una eternidad. 

Deseaba que tocara mi cuerpo
Deseaba ver sus ojos
Deseaba hablarle
Deseaba su perdón
Deseaba sus azotes
Deseaba sus caricias

Nada de eso obtuve, tan solo una gran lección, dolorosa.

Cuando vio mis lagrimas asomar, me desató, y dirigiéndome de igual manera, hasta su coche aparcado cerca del mío, que allí se quedó, e camino a casa desnuda a su lado, mientras ahora me sermoneaba y me hacía reflexionar del porque de todo.

Fue una experiencia dura, pero aprendí una gran lección…
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