LA BUSQUEDA

Esto es un regalo, para ti, que has estado a mi lado, que me has apoyado en los malos momentos, y que a pesar de tus dudas, hoy sigues estando ahí. Déjame que te lo demuestre. Todo irá bien.
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Estoy en fase de aprendizaje, o como se dice, de doma, y por lo tanto, cualquier prueba para mi es nueva y siempre me entra el miedo, las dudas, de no ser capaz de hacerlo, de que ese sea mi límite, de que mis ganas no sean suficientes para superar ese nuevo reto.
Mi Amo lo sabe, sabe que quiero enfrentarme a mis miedos, que deseo aprender y me esfuerzo en ello. Pocas veces reconoce mi avance, conoce mi orgullo y teme que pierda la batalla contra él. 
Aunque sus palabras no recompensen mi esfuerzo si lo hacen sus actos, sus premios, sus detalles, y con eso me basta, aunque reconozco que me gustaría que me lo dijera, pero….como Él dice, esto no se trata de lo que a mí me guste….y encima tiene razón!…bueno pues a lo que íbamos….
Una vez más me ha puesto una prueba difícil para mi, y dudo de mis fuerzas para realizarlo…Quiere que busque una sumisa para Él, yo espero que sea para nosotros, no solo para Él, pero este sentimiento prefiero guardarme para mi, puesto que no se si le gustaría mucho, o consideraría que soy una “perra insolente”.
El caso es que hace ya bastantes días, tuve la sensación de encontrar a la sumisa ideal, en un ambiente corriente, en el que no debería haberme fijado en nada de eso, la vi, en sus tareas, y me vino a la mente mi Amo, sus gustos, sus deseos y me encontré allí, en la sala de espera del médico, imaginando lo que mi Amo le haría a esa enfermera, con su vestidito corto blanco….
Pensé que debía hacer algo para conseguir hablar con ella….así que bajé a la recepción, y comenté que debía ponerme la vacuna de la gripe, que tengo alergia y cada año me recomendaban ponerme la vacuna, pero nunca me había decidido puesto que tengo miedo a las inyecciones.

“Por supuesto”, comentó la recepcionista revisando su ordenador….”¿cuándo desea vacunarse?”, “cuanto antes, ahora que estoy decidida cuanto antes” contesté inquieta.

“Pues bien, con este papel, cuando pase a su doctor, se lo comenta para que le haga la orden para la enfermera. Hoy mismo si quiere puede vacunarse, pase después a la enfermera. Pregunte arriba por Eli”
Me sentía el corazón palpitar, es cierto que tengo pánico a las agujas, y solo pensar que debía ponerme una, para poder hablar con la que imaginaba la sumisa ideal para mi Amo, ponía mi vello de punta…pero, así lo hice, como la recepcionista me había indicado.

Tenía a Eli, la enfermera, delante de mí, explicándome las maravillas de la vacuna y yo imaginando las maravillas que mi Amo haría con ella.
“Tranquila corazón”, me dijo, “no te va a doler nada, se que eres fuerte y sabes aguantar bien el dolor”.
Esas palabras resonaban en mi mente, tenía una voz y un trato exquisitamente dulces, contrariamente a mi carácter que era fuerte, ella podría ser una perfecta sumisa.
Después de un rato hablando, me dijo que había un tratamiento para la alergia que estaba poniendo a varios pacientes, que estaba resultando muy bien, y que si no fuera por mi miedo a las inyecciones, me iría muy bien para evitar los efectos. Era un tratamiento largo y pesado, que duraba todo el invierno, que era homeopático, y era mediante inyecciones semanales.

Vi el cielo en sus ojos, y le dije, que sí, que me sometería a ese tratamiento, pero solo si era ella la que me ponía las inyecciones, puesto que esa que me había puesto, no me había dolido nada…
Así, durante varias semanas, fui a verla, y poco a poco cogiendo cierta confianza, se preocupaba por mí, era dulce, tranquila, pausada, amable….unos diez años mayor que yo. 

Un día incluso, quedamos para tomar algo, y a partir de ese día, siempre me daba la ultima hora de la tarde para salir juntas y irnos a tomar algo o a cenar.

Iba observando su comportamiento, y aprendía sumisión de ella, pensando yo que eran imaginaciones mías…Las conversaciones, eran variadas, hasta el día, que sin saber cómo nos sorprendimos hablando de preferencias sexuales y le confesé mi oscuro secreto ruborizándome hasta el extremo.

Me sorprendió su reacción, se quedó tranquila, con una sonrisa en los labios y un brillo inigualable en sus ojos. Dijo, “y ¿qué tiene de malo eso? ¿a caso no lo disfrutas? a mí también me apasiona”
Eso era maravilloso, me abracé a ella y le dije que llevaba todo este tiempo aprendiendo de ella, sin su permiso, de sus gestos, de su dulzura, de su trato, y que yo, la sumisa insumisa ansiaba ser como ella, para que mi Amo se sintiera orgulloso de todo lo que había conseguido conmigo.

“Tranquila tienes tiempo, aprenderás, el camino es largo, yo sigo aprendiendo, aunque ahora no tengo Dueño, lo vivo en sesiones esporádicas siempre que puedo”.

No podía creerme lo que me estaba diciendo….

Llegué a casa emocionada, y llamé a mi Amo para contarle lo que había sucedido con Eli. 

Sus ordenes fueron claras: “El viernes en vez de irte tú con ella a tomarte algo, la traerás a casa, no será para ti ese día, sino para mí. Seré yo el que analice si es tan buena sumisa como presume”.

Ese viernes, el temido viernes llegó, y después de mi terrible inyección semanal, le comenté que prefería ir a mi casa, para estar tranquila con ella, para poder hablar con tranquilidad de este oscuro mundo de la dominación/sumisión sin tener que  bajar la voz hasta niveles inaudibles.

Aceptó encantada y confesó tener ganas de enseñarme alguno de los truquillos que me ayudarían con mi Amo.

Mi Amo ya estaba en casa esperando a nuestra llegada, dijo que se esperaría en mi habitación, preparando el ambiente…Yo terriblemente asustada, no le había comentado a Eli que mi Amo estaría allí, no pretendía hacerle daño ni que se enfadara conmigo, sentía algo especial por ella, como si fuera mi hermana mayor en esta aventura, mi cómplice…

Abrí la puerta de casa, el ambiente se respiraba relajado, perfumado con velas aromáticas, música lenta…Eli se rió de lo bien que creía que lo había preparado todo, hasta que le comenté que yo no había sido…Entonces el miedo asomó en su rostro.

Una voz fuerte, la de mi Amo, nos ordenó que subiéramos…

La cogí de la mano, y subimos las escaleras lentamente, conteniendo las dos la respiración, a pesar del frio, nuestras manos se enlazaban en sudor, sudor de excitación, de tensión contenida…
Abrí la puerta de la habitación. Mi gran cama con sabanas oscuras, casi negras, y rodeada de varios instrumentos, que no parecieron sorprender a Eli, que se mantenía con la mirada baja ante mi Amo.
– “Adopta la posición”, ordenó mi Amo.

Yo no sabía a qué se refería, a mi jamás me había hablado de ello y sentí miedo.
– Amo que deseas, que posición quieres, no te entiendo.

No me miró, miraba a Eli que le había entendido perfectamente y se hallaba de pié, con las piernas abiertas, la cabeza baja y las manos enlazadas en la nuca.
No podía creer lo que estaba viendo.

Mi Amo, me cogió fuerte por el brazo, me llevó al otro extremo de la habitación, me sentó, me ató a la silla y me amordazó, ordenándome que observara todo lo que allí pasara y aprendiera de ello.

Yo sentía una rabia inmensa de ver como Eli, se había convertido en lo que yo deseaba ser, la sumisa de mi Amo y me arrepentí sintiendo ira de todo lo que había pasado con anterioridad, de todo mi esfuerzo por conseguir que Eli estuviera allí.

Mi Amo, olvidando mi presencia, se centró en Eli, levantando ligeramente su corto vestidito, metiendo su mano lentamente entre sus piernas, para llevar hasta su sexo, que adiviné húmedo ante la mano de mi Amo.

Eli era bella, como a mi Amo le gustaban, una chica morena, con curvas, con unas nalgas esplendidas para ser azotadas, pero no excesivamente grandes.

La arrimó a la pared, obligándola a adoptar una posición diferente, con el cuerpo hacia adelante, las piernas juntas, y ese vestidito subido ligeramente. 

Se apartó de ella, alejándose hasta un lugar donde pudiera observar la belleza de sus nalgas en esa posición. Observé la cara de sumisión de Eli, sintiéndose humillada, junto a la pared, dejando sus nalgas a la vista, sin un solo movimiento. Observé después la de mi Amo, consumida por el deseo, por el gozo de ver a esa mujer postrada ante él, mostrando algo que tanto deseaba y parecía contenerse para no abalanzarse sobre ella con furia, como lobo ante su presa.

Fue hacia ella, y acariciándole previamente las nalgas, como preparando su piel para lo que iba a recibir, la azotó vivamente, sin que ella hiciera amago alguno de evitar esos fuertes azotes.

Mi  Amo se sentó en la cama, y con un chasquido de sus dedos, ordenó a Eli tumbarse en su regazo. Increíblemente para mi, obedeció con diligencia, y con una unión exquisita, como si de un baile se tratase, los azotes continuaron rápidos, sobre sus nalgas descubiertas. Provocaban un movimiento sensual de vaivén, de contracción y relajación de sus nalgas, de su húmedo sexo, dejándose azotar, cuanto mi Amo quisiera, disfrutando de su contacto y de ese dolor que la llevaba a gemir como una perra castigada, sintiendo que debía permanecer allí, dócil, besando el castigo que su Dueño le infligía, haciendo que Él sintiera el poder sobre si de la dominación.

Cuando sació su castigo, puso a Eli en el suelo de rodillas delante de mí, con sus nalgas enrojecidas, calientes, vibrantes, para que yo pudiera observar como una verdadera sumisa acepta la suerte que su Dueño le quiera ofrecer. Miré a Eli detenidamente, su cuerpo bello dolorido, exhausta su respiración, pero me sorprendió de nuevo su mojado sexo, que mantenía la pasión durante todos aquellos azotes que le había propinado, e incluso ahora puesta a cuatro patas, humillada, degradada y excitada.

Anti mi la maravilla de sus nalgas calientes y brillantes y a mi lado, mi Amo, sosteniendo su polla tersa entre sus manos. Yo la miraba lasciva, deseando llenarme la boca con ella, notar su calor dentro de mí, hasta el fondo de mi garganta, ser ahogada con ella hasta sentir nauseas.

Estando yo en esos pensamientos, recogió a Eli,  desnudándola y tapándole los ojos, la puso a mi lado, delante de él, y le envainó la boca.
Todo lo que yo deseaba llevado a cabo por Eli, según iba diciendo mi Amo, por ser una buena perrita tenía su premio, no como yo, que debía contentarme con mirar como se comporta una sumisa de verdad.

Eli agradecía con su actitud los jugos que mi Amo emanaba en su boca en cada empujón, y suspiraba ser poseída por Él.

Pensé en odiarla pero realmente la envidiaba, por saber comportarse como yo jamás he sabido, aceptar su suerte, y disfrutar de ella.

Incorporándola, la echó sobre la cama, mi cama, la que hasta ese momento solo había disfrutado yo, para darle placer a su húmedo sexo y a su boca deseosa de la leche caliente y densa de mi Amo.

Ese sentimiento me embargó y mis lagrimas resbalaban por mis mejillas de forma incontrolada mientras veía como le hacia todo lo que yo deseaba, sintiéndome despreciada, humillada, substituida.
Imagino que vió la ira en mi, puesto que me desató por un instante, aun amordazada, y haciéndome bajar la mirada, me rasgó la camiseta de un tirón, y presionándome los pechos con fuerza sacó a relucir mis pezones, para dejarlos pinzados, a modo de castigo, durante el resto de la sesión. 
El dolor que sentía era inmenso, pero no podía salir de mi una queja, nada podía mostrar disconformidad, puesto que deseaba ser tan buena sumisa como Eli. Deseaba que mi Amo quisiera estar conmigo en vez de con esa nueva sumisa que habia entrado en nuestras vidas, que yo misma había traído para compartir, o para substituirme si yo no conseguía ser una buena perrita para mi Dueño.

Mi Señor volvió a prestar su atención en ella, que la esperaba de nuevo a cuatro patas sobre la cama. La besó y acarició por todo su cuerpo exhausto por la pasión. 

Él, introdujo su duro sexo entre sus nalgas haciéndose sitio, pero sin llegar a penetrarla, tan solo quería el roce de su sexo, que instintivamente se agrandaba y calentaba.

Cuando a punto de correrse la cogió fuerte del pelo, provocando un pequeño gemido, sacó su polla tersa para agarrarla con fuerza con su mano y derramar su leche sobre la espalda y nalgas de Eli, que abrazaba con pasión mi almohada.

Habiéndose saciado mi Señor, le azotó levemente, una palmada ligera que pareció indicarle que se debía levantar y que allí había acabado su encuentro.

No entendía como ella sabía el significado de todos esos gestos, porque sin palabras, sin ordenes directas, en todo momento, ella había sabido complacerle, había realizado todos los actos que Él esperaba de ella.

Mi Amo se marchó de la habitación y Eli, vino hacia mí, lentamente, sin perder tiempo en vestirse, me desató, quitó la mordaza y las pinzas que torturaban mis pezones.
Me abrazó, noté el cálido contacto de su piel contra mi cuerpo deseoso, y tan solo unas palabras salieron de su boca: “tranquila mi niña, aprenderás, serás la mujer que él desea, yo te enseñaré y el próximo dia lo disfrutaras tu también”.

Lloré abrazada fuertemente a ella, y sin saber siquiera como, estaba ella sentada en mi cama y yo abrazada a ella llorando en su regazo.
Noté como alguien mas estaba allí, pero no me importó, estaba a gusto con Eli, mi Eli, la Eli de mi Amo.

Solo su voz fuerte intranquilizó a Eli, al oír: “venga zorritas, vestiros que nos vamos a dar un paseo, que tengo que lucir a mis dos preciadas joyas…”
  
Nos vestimos, nos arreglamos para estar listas para salir orgullosas con nuestro Amo compartido y deseado por ambas.
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