EN EL TRABAJO- 2a PARTE

Mientras yo estaba recostada sobre el respaldo del sofá de la sala de visitas, con los pies y las manos atadas con el cable telefónico, sentía sus pasos detrás de mi, de un lado a otro, caminando sin mediar palabra y desgastando el suelo con la ira que mostraba en cada paso.
Su respiración eran casi suspiros, oía el aire salir sus pulmones de forma enérgica. No me atrevía ha hacer ningún movimiento ni a abrir la boca para que las palabras salieran de mi, pues temía que dejara de aplicar su ira al suelo para aplicármela a mi.
Esa tensión me estaba corroyendo por dentro, y mis lagrimas empezaron a brotar, haciendo temblar mi cuerpo a su paso.
¿Que te pasa ahora?
– Amo, siento miedo.
– ¡No me llames Amo!.
– Pero Amo, eres mi Amo.
Te he dicho que no me llames Amo. No te mereces llamármelo. ¡Cállate!.
– Pero Amo…
Con esto llegó un azote seco en mi sexo abierto. Jamas me había azotado en esta zona tan íntima, y sentí un dolor tremendo que recorrió desde mi sexo hasta la base de mi cabeza.
– Amo perdóname…
Otro azote, y otro mas, y otro mas…hasta que pensé que había desahogado su ira.
– Por favor, vayámonos a casa, castígame allí, haz lo que quieras conmigo…por favor te lo suplico….
 – ¿Porque perra? ¿ahora sientes vergüenza? ¿antes no la tenias, restregándote como una perra en celo? ¿provocando la erección de la polla de otro que no es del que tu llamas tu Amo?. Te has reído de mi zorra y ahora pagaras por ello. Aquí, donde tu me perdiste el respeto, aquí donde me has desafiado, es donde todos conocerán lo perra que eres.
Ante esas palabras no pude contener mi llanto, como una niña pequeña dejé fluir mi pena gimiendo y prácticamente gritando ante la vergüenza a la que me estaba sometiendo…
Tiró mi cabeza hacia atrás, cogiéndome del pelo fuerte y obligándome a ver su mirada, su cara, su gesto…y vi su decepción…Cuando quise hablar, pedirle clemencia, pedirle que me llevara a casa de nuevo, pedirle que….me abrió la boca y arrugando un par de folios en forma de bola, me los metió en la boca y mientras con sus dedos las empujaba hacia mi garganta me decía:
¿Que me quieres decir ahora? ¿tienes algo que decirme?…

El único movimiento que hice fue bajar mi cabeza en forma de sumisión y aceptación de mi castigo.

Demasiado tarde, esta vez es demasiado tarde.

Estuvo un tiempo recorriendo la pequeña sala, como buscando sus herramientas de tortura. Pensé que en aquella sala no habría mucho para usar contra mi, y intenté tranquilizarme con este pensamiento…

Oí que trajinaba alguna cosa, y miré de reojo intentado ver lo que contenían sus manos, pero fue inútil, y solo sirvió para que se diera cuenta de lo que intentaba.

¡¡¡No aprendes perra!!! ¿que quieres?¿no tienes bastante?¿quieres mas?…contesta….¿quieres ver que tengo en las manos?….

Asentí.

– Pues esto es lo que tengo, ahora lo ves, pero no te preocupes que lo vas a notar también.

En sus manos el cable del auricular del teléfono, aquel en forma de espiral que une el auricular con el terminal. Doblado por la mitad, recogiendo en su mano las dos puntas.

Intenté gritar que no, agitando mi cabeza con fuerza pidiendo clemencia…pero de nada sirvió.

Me azotó con el cable, marcando en mi piel el espiral en cada golpe mientras su voz me resonaba en la mente:

Te crees que todo tiene explicación, te crees que todo es un juego, que dominas la situación. Finges ser sumisa ante mi, me cuentas tus mentiras cuando estas conmigo. He confiado en ti, te he enseñado y he creído disfrutar conmigo.
Hoy venia a comer contigo, para regalarte el collar de perra que tanto deseas, que tanto me has pedido, pues pensaba que te lo habías ganado, que merecías ser por fin mi sumisa y disfrutar de los placeres. Deseaba que fueras mi esclava y ser tu Dueño.
Me has herido perra y ahora soy yo el que hiere tu cuerpo, pues alma me has demostrado que no tienes.
Como una zorra te observo al llegar, dejando tu olor de sucia perra ante otro hombre. Provocando, deseando a otro que no es tu Dueño.

No se cuantos azotes debía sufrir ya mi cuerpo, pero el dolor era tan intenso combinado con sus palabras que pensé que perdería el conocimiento. Siguió azotándome, siguió hablándome:

No te mereces ni siquiera estos azotes, no te mereces mi esfuerzo en este momento. He perdido el tiempo contigo y no pienso perder ni un minuto mas. Será otro, ya que lo deseas el que de cuenta de ti.

Dicho esto dejó de castigar mi cuerpo, se alejó de mi para comprobar mi estado, y sin mediar palabra abrió la puerta de la sala. 

No me atrevía a mirar, por si aun estaba allí, pero no había cerrado la puerta, y estaba en mi sitio de trabajo atada, azotada, humillada y sentía miedo de ser descubierta.

Oí pasos y decidí permanecer completamente en silencio, esperando que nadie llegara hasta allí si no sabían que había nadie.
Estuve allí en esa posición durante aproximadamente unos veinte minutos y sentí miedo de que mi Amo no volviera.

Las dudas se agolpaban en mi mente y yo misma intentaba darme explicaciones de lo que había ocurrido antes de la llegada de mi Amo:

Solo estaba jugando con Andres. Jamas hubiese hecho nada, solo intentaba provocarlo…no hacia nada malo.
¿Y si mi Amo no volvía? ¿me habría abandonado allí? no podía hacerme esto, era mi sitio de trabajo…debía soltarme él, ya me había castigado severamente…¿como me puede dejar aquí?¿quien vendrá a desatarme?¿como me puede someter a tal vergüenza? no podré volver a trabajar jamas….y ¿como puedo sobrevivir a este dolor? ¿donde estas Amo?…por favor ven a mi…

Suplicaba en silencio que mi Amo volviera, que me perdonara, que me soltara, que me abrazara por haber soportado su castigo.

Sentí pasos de nuevo, de más de una persona y de nuevo hice silencio.

Era mi Amo! pensé que el dolor me habría confundido. 

Se acercó a mi oído y me dijo:

zorrita, no sufras mas…..

Un gran silencio calmó mi alma, pensando que todo había acabado, que había soportado su castigo y ahora me perdonaría y volveríamos a casa….Me relajé por unos segundos hasta oír de nuevo su voz muy cerca de mi:

Como tanto le deseabas, le vas a tener, esta todo pactado y para que veas que no soy tan malo, te voy a conceder lo que deseabas antes de mi llegada…Has luchado mucho por ello y te lo voy a regalar…y me voy a quedar aquí para ver como disfrutas de tu regalo.

Escupí las bolas de papel que tenia en la boca, medio desechas ya, y le supliqué, le imploré, hasta que vi a Andres en la puerta, mirando con ojos expectantes mi cuerpo maltrecho, mi sexo expuesto en aquel sofá blanco, en el que tantas conversaciones habíamos tenido.

Mi Amo le dio permiso diciéndole: “Vamos chico, de verdad, puedes poseerla, es mi perra sucia, y puesto que te desea la voy a complacer. Fóllatela no me importa ya”.

Andrés, como si estuviera viviendo una de sus fantasías mas ocultas, sacó su polla del pantalón, tímida salia por su cremallera, y dejando su timidez me enculó, empujando mi cuerpo herido contra el sofá, que con cada empujón se acercaba mas a la pared de enfrente.

Mi Amo, sentado en la mesa, bien cerca de mi rostro, observaba mi humillación, mi vergüenza, mi llanto y mis ojos suplicantes de perdón.

Andres se corrió rápidamente, y igual de rápido salió de aquella sala con una sonrisa maléfica en su rostro.

Lloré, seguí llorando como jamas había hecho antes.

Mi Amo, acarició mis nalgas, metió su dedo en mi culo y lo movió enérgicamente y pasando a mi sexo para comprobar su humedad

Vaya perra, pues parece que no lo has disfrutado…No tenias tantas ganas de follartelo? ¿que ha pasado?¿donde esta tu coño chorreante al que siempre me tienes acostumbrado?

No podía hablar, pero cogiéndome de nuevo del pelo, me obligó a contestar:

– Amo, solo tu pones mi coño chorreante.

Pues eso lo comprobaremos ahora…y dicho esto, empujó de nuevo el sofá al centro de la sala, se puso de rodillas delante de mi, y abriendo mi boca, su polla entraba y salia, tersa, caliente, jugosa. 



Salió de ella y dando la vuelta al sofá, repasó mi sexo con sus dedos y me hizo lamerselos después.

¿Mejor ahora perra? ¿Este es tu jugo, solo para mi, lo entiendes?No vuelvas jamas a derramar ni media gota de este jugo por nadie mas. ¿lo has entendido?

– Si mi Amo.

Y metió su polla en mi vulva, agresivo, enérgico, rápido, placido. Me folló y me folló hasta hacerme sentir la mujer mas afortunada del mundo al sentir su leche sobre mis heridas nalgas, como bálsamo para mis llagas.
Me desató, me cogió en sus fuertes brazos y me sacó desnuda, abrazada a él hasta su coche aparcado en la zona exterior de las oficinas. 
Me tumbó en la parte de atras del coche, me llevó a casa, me dió un baño y unguento en mis nalgas.
También curó mi alma con sus palabras antes de recostarme en la cama, diciéndome:

Ha sido duro, lo sé, pero me has herido mas de lo que te puedas imaginar. Te voy a dar otra oportunidad porque se que lo has comprendido. Debieras volver ha hacer que confié en ti, volverte a ganar mi confianza pero estaré contigo para enseñarte. Duérmete, mañana hablaremos con calma.

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